martes, 24 de febrero de 2026

NGC 7293 Nebulosa de la Hélice “ El ojo de Dios ”.

 


Nombre:  NGC 7293  “ Nebulosa de la Hélice ”.

Light: 40 fotografías (RAW)  de 300 segundos cada una a ISO 1600.

Darks:  60       Bias:  60       Flats:  30   

Temperatura:  21ºC

Telescopio:  Sky Watcher Newton 200/1000 F5.

Cámara: Canon 600D modificada + filtro L-eNhance.

Montura:  Neq. 6 Pro.

Guiado:  PHD2.

Capturas de las fotografías:  NINA.

Lugar de las capturas:  Lleida ciudad.

Fecha: 20 de agosto.

Apilado y procesado con PixInsight.

 

Hace unos días realicé una fotografía de la impresionante Nebulosa de la Hélice, conocida coloquialmente como el “Ojo de Dios”, desde la azotea de mi casa en Lleida. A pesar de estar en plena ciudad y bajo un cielo afectado por la contaminación lumínica, el resultado ha sido muy satisfactorio.

Para la captura utilicé un telescopio Newton 200/1000 F5,  un instrumento con una excelente relación entre apertura y resolución, ideal para objetos de cielo profundo. Acoplé una cámara réflex modificada para astrofotografía, lo que permite una mayor sensibilidad a la línea de emisión del hidrógeno alfa. Además, empleé un filtro anticontaminación lumínica L-Enhance, que realza las emisiones de hidrógeno y oxígeno mientras bloquea gran parte de la luz artificial urbana.

Como siempre, puse la montura en estación siguiendo los pasos 2, 3 y 4 ya publicados en el blog y, cuando terminé la sesión de captura, realicé las tomas de calibración: darks, bias y flats. Una vez terminada la sesión de astrofotografía, sobre las 04:50 de la madrugada, recogí el equipo y lo guardé a la espera de la próxima sesión de astrofotografía. 

La imagen final es el resultado de apilar 40 fotografías de 300 segundos cada una, lo que suma un total de 200 minutos de integración. Aunque pueda parecer un tiempo relativamente modesto para astrofotografía de espacio profundo, la nebulosa se aprecia perfectamente incluso con esta integración. Su estructura anular y los filamentos gaseosos exteriores se distinguen con notable claridad.

La Nebulosa de la Hélice se encuentra en la constelación de Acuario y está situada aproximadamente a 650 años luz de la Tierra. Es una nebulosa planetaria, es decir, el remanente gaseoso expulsado por una estrella similar al Sol en las etapas finales de su vida. Se formó hace unos 10.000 años, cuando la estrella central agotó su combustible nuclear y expulsó sus capas externas al espacio.

En su centro permanece una enana blanca, el núcleo estelar residual extremadamente caliente que emite intensa radiación ultravioleta. Esta radiación ioniza el gas circundante, haciendo que brille con colores característicos. El tono rojizo proviene principalmente del hidrógeno ionizado, mientras que los colores azulados y verdosos se deben al oxígeno doblemente ionizado.

Su apariencia recuerda a un gigantesco ojo cósmico, de ahí su apodo popular. Sin embargo, más allá de su estética impactante, representa una fase evolutiva que nuestro propio Sol experimentará dentro de unos 5.000 millones de años. Cuando el Sol agote su hidrógeno, se expandirá como gigante roja y, finalmente, expulsará sus capas externas formando una nebulosa planetaria similar.

Fotografiar la Nebulosa de la Hélice desde un entorno urbano demuestra cómo la tecnología actual y la pasión por la astronomía permiten capturar objetos situados a cientos de años luz. Cada fotón recogido durante esas largas exposiciones inició su viaje mucho antes de que existiera la civilización moderna. Contemplar y retratar este vestigio estelar desde mi propia azotea en Lleida ha sido, sin duda, una experiencia profundamente emocionante y reveladora.

Adjunto uno de los lights de 300 segundos y el masterlight tras el apilado preparado para empezar el procesado, así podeis comparar el resultado final después de todo el trabajo de procesado de la imagen.

Light.

Uno de los 40 lights de 300s a ISO 1600 con la Canon 600d y el filtro anticontaminación lumínica.

Master light.

Master light preparada para iniciar el procesado de la imagen.


 

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domingo, 8 de febrero de 2026

NGC 6979 “Triángulo de Pickering”.

 




Nombre:  NGC 6979  “ Triángulo de Pickering ”.

Light: 40 fotografías (RAW)  de 300 segundos cada una a ISO 1600.

Darks:  60       Bias:  60       Flats:  30    Temperatura:  28ºC

Telescopio:  Sky Watcher Evostar 72 ed.

Cámara: Canon 600D modificada + filtro L-eNhance.

Montura:  Neq. 6 Pro.

Guiado:  PHD2.

Capturas de las fotografías:  NINA.

Lugar de las capturas:  Lleida ciudad.

Apilado y procesado:  PixInsight.

 

Ubicada en el ala izquierda de la constelación del Cisne, se encuentra una extensa y espectacular nebulosa conocida como el Bucle de Cygnus. Este objeto es el remanente de una supernova que explotó hace aproximadamente 10.000–20.000 años, dejando tras de sí una enorme burbuja de gas ionizado en expansión. En el cielo ocupa un área muy extensa, de unos 3 grados de diámetro, lo que equivale a seis veces el tamaño aparente de la Luna llena.

El Bucle de Cygnus se localiza a una distancia aproximada de 2.400 años luz de la Tierra, dentro del brazo de Orión de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Físicamente, el remanente tiene un diámetro real cercano a 120 años luz, y continúa expandiéndose a velocidades del orden de 200–400 km/s, lo que permite a los astrónomos estudiar directamente los procesos de choque entre el material expulsado por la supernova y el medio interestelar circundante.

Esta nebulosa se divide tradicionalmente en tres regiones principales: la Nebulosa del Velo Oriental, el Triángulo de Pickering y la Nebulosa del Velo Occidental. En la astrofotografía presentada se pueden apreciar dos de estas estructuras. En la parte superior destaca el Velo Occidental, catalogado como NGC 6960 y conocido popularmente como la Escoba de la Bruja, una delicada red de filamentos producidos por la onda de choque de la explosión. En la zona central e inferior se observa NGC 6979 “El Triángulo de Pickering”, una compleja región filamentosa descubierta fotográficamente a comienzos del siglo XX por Williamina Fleming, que durante años fue erróneamente atribuida a Edward Pickering.

Desde el punto de vista técnico, se trata de una nebulosa de emisión muy débil, cuyo brillo procede principalmente del oxígeno doblemente ionizado (OIII) y del hidrógeno ionizado (H-alfa). Por ello, su observación visual y fotográfica se beneficia enormemente del uso de filtros de banda estrecha, especialmente filtros OIII, que aumentan el contraste incluso desde entornos con contaminación lumínica moderada, como puede ser un entorno urbano. Visualmente puede observarse desde cielos oscuros con telescopios de 150–200 mm de apertura, mientras que la astrofotografía permite revelar detalles extremadamente finos mediante largas exposiciones y técnicas de apilado.

La importancia científica de este tipo de astrofotografías es notable. Los remanentes de supernova como el Bucle de Cygnus son auténticos laboratorios astrofísicos naturales, donde se estudia la nucleosíntesis de elementos pesados, la dinámica de ondas de choque, la interacción del plasma con los campos magnéticos galácticos y el enriquecimiento químico del medio interestelar. Además, la astrofotografía de alta resolución —incluso realizada por astrónomos aficionados— proporciona datos valiosos para el seguimiento de la evolución temporal de los filamentos, complementando observaciones profesionales en otras longitudes de onda como radio, ultravioleta o rayos X.

En conjunto, esta imagen demuestra cómo la astrofotografía urbana, apoyada en técnicas modernas y equipamiento adecuado, no solo tiene un gran valor estético, sino que también contribuye a la divulgación y al conocimiento científico de algunos de los procesos más energéticos y fundamentales del universo

 

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jueves, 5 de febrero de 2026

NGC 6992 Nebulosa del Velo oriental

 



Nombre:  NGC 6992 “ Nebulosa del velo oriental ”.

Light: 44 fotografías (RAW)  de 300 segundos cada una a ISO 1600.

Darks:          Bias:       Flats:       Temperatura:

Telescopio:  Sky Watcher Evostar 72 ed.

Cámara: Canon 600D modificada + filtro L-eNhance.

Montura:  Neq. 6 Pro.

Guiado:  PHD2.

Capturas de las fotografías:  NINA.

Apilado y procesado: PixInsight.

Lugar de las capturas:  Lleida.

 

Ubicada en una de las alas de la constelación del Cisne (Cygnus), encontramos una de las nebulosas más espectaculares y extensas del cielo nocturno: El Bucle de Cygnus. Este impresionante objeto es el remanente de una supernova que explotó hace aproximadamente 10.000–20.000 años, cuando una estrella muy masiva llegó al final de su vida. La violenta explosión expulsó sus capas externas al espacio a enormes velocidades, generando una onda de choque que todavía hoy continúa expandiéndose e interactuando con el medio interestelar circundante.

El Bucle de Cygnus es una nebulosa enorme, con un diámetro aparente de unas 3 veces el tamaño de la Luna llena, lo que hace que ocupe una gran porción de la bóveda celeste. Se encuentra a una distancia aproximada de 2.400 años luz de la Tierra y, bajo cielos oscuros y libres de contaminación lumínica, puede observarse incluso con prismáticos y pequeños telescopios. Debido a su gran tamaño, para fotografiar el conjunto completo es necesario emplear focales cortas, alrededor de 200 mm; con focales superiores a 300 mm el objeto ya no cabe en el campo de visión y es imprescindible realizar mosaicos.

Tradicionalmente, el Bucle de Cygnus se divide en tres regiones principales. Por un lado, la nebulosa del Velo Oriental (NGC 6992), una de las zonas más brillantes y detalladas; por otro, la nebulosa del Velo Occidental (NGC6960), que destaca por su cercanía visual a la estrella 52 Cygni; y finalmente el Triángulo de Pickering, una región más difusa situada entre ambas. En realidad, dentro del Velo Oriental encontramos dos objetos diferenciados: NGC 6992 y NGC 6995, este último conocido popularmente como “la nebulosa del murciélago” debido a su característica forma.

La nebulosa está compuesta principalmente por hidrógeno, oxígeno y azufre ionizados, restos del material estelar expulsado por la supernova. Los característicos colores rojizos y azulados se deben a la emisión de estos gases al ser excitados por la onda de choque: el rojo proviene del hidrógeno (línea H-alfa), mientras que los tonos azulados y verdosos corresponden al oxígeno doblemente ionizado (OIII). Además, las estructuras filudales y filamentos que observamos son el resultado de intensas corrientes de viento estelar y de la colisión del frente de choque con regiones de diferente densidad del medio interestelar, creando esas delicadas y complejas formas que hacen del Bucle de Cygnus un objetivo fascinante tanto para la observación visual como para la astrofotografía.

La fotografía publicada ha sido realizada con el telescopio Evostar 72ED y muestra una de las zonas más llamativas del conjunto: la nebulosa del Velo Oriental, donde los detalles finos y los contrastes de color revelan con claridad la enorme energía liberada por una estrella que, aunque murió hace miles de años, sigue dejando su huella en el cosmos

 

¿Podéis ver el murciélago?

Al observar con detenimiento la imagen, muchas personas no solo identifican claramente la silueta de un murciélago, sino que también aseguran distinguir otras formas sorprendentes. Algunos afirman ver el rostro de una persona, otros el perfil de un caballo con su largo cuello, e incluso hay quienes reconocen la figura de un dragón extendiendo sus alas. Este fenómeno, conocido como pareidolia, demuestra que la imaginación humana no tiene límites y que, en el cielo profundo, cada observador puede encontrar una historia diferente escondida entre los filamentos de gas y polvo interestelar.

 



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lunes, 29 de diciembre de 2025

COMETA 3I ATLAS. Un visitante inesperado.

 






Nombre:  3I Atlas.

Lights:  23 fotografías ( RAW ) de 180 segundos cada una a ISO 6400.

Darks:  30    Bias:  30        Flats:  20       Temperatura:    +4º.

Montura:  NEQ6 PRO II

Telescopio:  SW Newton 200/1000 F5

Cámara:  Canon EOS 600D  + corrector de coma + filtro Optolong L-enhance.

Cámara guiado:  ASI 290 MC.

Programa de apilado y procesado:  PixInsight.

Luna:  Fase de luna nueva

Seeing:  El cielo estaba despejado pero con mucha humedad y sobre las 03:50 empezó a aparecer la niebla.

 

Durante la madrugada del 23 de diciembre realicé una sesión de astrofotografía dedicada a un objeto que ha despertado un notable interés y debate en la comunidad científica, especialmente a raíz de las declaraciones del conocido físico estadounidense Avi Loeb. Para científicos y astrónomos aficionados, este objeto es considerado un cometa interestelar, mientras que para otras personas ha sido interpretado de forma más especulativa como una posible nave espacial. Se trata de un objeto que, aparentemente, no pertenece a nuestro sistema solar y que, por razones aún en estudio, ha pasado por sus proximidades. En realidad, es el tercer visitante interestelar que ha sido oficialmente catalogado: el objeto 3I/ATLAS.

 La sesión se llevó a cabo desde la azotea de mi casa, en Lleida. Antes de comenzar la captura, realicé la puesta en estación de la montura siguiendo los pasos 2, 3 y 4 previamente publicados en el blog, un procedimiento fundamental para asegurar un seguimiento preciso durante toda la sesión. La captura de datos comenzó a las 02:15 de la madrugada y se prolongó hasta las 03:30.

 Desde el punto de vista atmosférico, la noche no fue especialmente favorable. A pesar de estar el cielo despejado el seeing fue mediocre, había mucha humedad y la presencia de la niebla alta poco a poco hizo que el cielo se empezara a tapar sobre todo a partir de las 03:00t de la madrugada.

 Para la obtención de las imágenes utilicé una cámara Canon 600D modificada, junto con un filtro anticontaminación lumínica Optolong L-eNhance, que permitió mitigar el brillo del cielo urbano y resaltar las estructuras más débiles del objeto. El equipo óptico estuvo compuesto por un telescopio Newton 200/1000 montado sobre una montura NEQ6 Pro, que proporcionó un seguimiento estable durante toda la sesión.

 El resultado final se obtuvo a partir de 23 tomas light de 180 segundos cada una, con una sensibilidad ISO de 6400. Asimismo, se realizaron las correspondientes tomas de calibración (bias, darks y flats), fundamentales para corregir defectos del sensor y del sistema óptico y mejorar la calidad final de la imagen tras el procesado. Una vez finalizada la sesión, procedí a recoger y guardar cuidadosamente todo el equipo, dejándolo preparado para una próxima sesión de observación y astrofotografía.

 Como es habitual, el apilado y el procesado lo realicé con PixInsight. Para el apilado de cometas primero obtuve dos imágenes independientes: una alineada y apilada sobre el cometa, en la que este aparece nítido y sin estrellas, y otra alineada sobre las estrellas, donde el fondo estelar queda definido sin la presencia del cometa. Posteriormente, ambas imágenes se fusionaron para obtener una única imagen en la que aparecen tanto el cometa como las estrellas de forma puntual, y es a partir de esta imagen combinada con la que llevé a cabo el procesado final hasta obtener la fotografía publicada.

  


INFORMACIÓN SOBRE 3I ATLAS


 El objeto conocido como 3I/ATLAS representa uno de los hallazgos más fascinantes de la astronomía moderna, ya que se trata del tercer objeto interestelar jamás detectado atravesando nuestro Sistema Solar. Estos objetos son extremadamente raros: proceden de otros sistemas estelares, viajan durante millones o incluso miles de millones de años por el espacio interestelar y, por una combinación casi fortuita de trayectorias, pasan cerca del Sol antes de continuar su viaje por la galaxia.

3I/ATLAS fue descubierto el 1 de julio de 2025 por el sistema automático de telescopios ATLAS, ubicado en Chile, diseñado para detectar objetos que se mueven rápidamente en el cielo. Desde los primeros cálculos orbitales quedó claro que no se trataba de un cuerpo común del Sistema Solar. Su trayectoria es hiperbólica, es decir, no describe una órbita cerrada alrededor del Sol. Entra desde el espacio interestelar, se aproxima brevemente y luego se aleja para siempre, sin posibilidad de quedar atrapado por la gravedad solar. Esta característica, junto con su elevada velocidad, confirma de forma inequívoca su origen extrasolar.

Las observaciones posteriores revelaron que 3I/ATLAS no es simplemente una roca inerte, sino un cometa interestelar. A medida que se acercó al Sol comenzó a mostrar actividad: se formó una coma, una nube difusa de gas y polvo alrededor de su núcleo, y aparecieron colas que se extendían en dirección opuesta al Sol. Este comportamiento es típico de los cometas y se produce cuando el calor solar hace que los hielos del núcleo se sublimen, pasando directamente de sólido a gas y arrastrando partículas sólidas al espacio.

En cuanto a su composición, los datos indican que está formado por una mezcla de hielos, polvo y materiales volátiles, similares a los de los cometas del Sistema Solar, pero con una diferencia crucial: estos materiales se formaron alrededor de otra estrella. Esto convierte a 3I/ATLAS en una auténtica cápsula del tiempo galáctica, portadora de información sobre procesos de formación planetaria en regiones lejanas de la Vía Láctea. Aunque todavía se estudian sus detalles químicos, se sabe que su estructura responde a procesos naturales bien conocidos.

El tamaño exacto de su núcleo es difícil de determinar, ya que la coma lo envuelve y oculta parcialmente. Las estimaciones actuales sitúan su diámetro en un rango aproximado que va desde unos cientos de metros hasta varios kilómetros. No fue visible a simple vista desde la Tierra y, incluso con telescopios, apareció como un objeto tenue y difuso, lejos de la imagen espectacular que ofrecen algunos cometas brillantes. Sin embargo, su valor científico supera con creces su discreto aspecto.

Al igual que otros cometas, 3I/ATLAS desarrolló más de una cola: una formada por polvo y otra por gas ionizado, moldeadas por la radiación solar y el viento solar. No posee volcanes activos en el sentido clásico, como los de la Tierra, ya que no hay magma ni calor interno significativo. Lo que sí presenta es una actividad que podría describirse como “volcanismo frío”: chorros de gas y partículas producidos por la sublimación del hielo, un proceso habitual en los cometas cuando se aproximan al Sol.

Su punto de máximo acercamiento al Sol, conocido como perihelio, ocurrió entre el 29 y el 30 de octubre de 2025, cuando pasó a una distancia de aproximadamente 1,4 unidades astronómicas, es decir, algo más lejos del Sol que la órbita terrestre. Posteriormente, el 19 de diciembre de 2025, alcanzó su mayor proximidad a la Tierra, a unos 270 millones de kilómetros, una distancia completamente segura que no supuso ningún riesgo para nuestro planeta.

La velocidad de 3I/ATLAS es otro de sus rasgos más llamativos. Se desplaza a decenas de kilómetros por segundo, alcanzando valores cercanos a los 68 km/s en el perihelio. Esta velocidad no es constante, ya que aumenta al acercarse al Sol y disminuye al alejarse, pero siempre permanece muy por encima de la necesaria para escapar del Sistema Solar. Tras su breve visita, continuará su viaje hacia el espacio interestelar, probablemente durante millones de años, sin volver a cruzarse con el Sol.

Su origen exacto no puede determinarse con precisión, pero los modelos indican que procede de una región antigua de nuestra galaxia, posiblemente del llamado disco grueso de la Vía Láctea. Esto sugiere que podría ser incluso más antiguo que el propio Sistema Solar, lo que lo convierte en uno de los objetos más antiguos jamás observados de forma directa en nuestras cercanías cósmicas.

La naturaleza inusual de los objetos interestelares ha dado lugar, en algunos casos, a especulaciones. En el caso de 3I/ATLAS, algunos lo consideraron inicialmente un asteroide debido a su débil actividad temprana, mientras que otros, fuera del ámbito científico, llegaron a sugerir la posibilidad de que fuera una nave espacial. Sin embargo, las observaciones detalladas no dejan lugar a dudas: su comportamiento, su composición y su evolución encajan perfectamente con los modelos de un cometa natural. No existe ninguna evidencia de tecnología, maniobras controladas o señales artificiales.

En definitiva, 3I/ATLAS no es solo un visitante pasajero, sino una oportunidad científica excepcional. Su paso por nuestro vecindario cósmico nos permite estudiar directamente material formado en otro sistema estelar y ampliar nuestra comprensión sobre cómo se construyen y evolucionan los sistemas planetarios en la galaxia. Cada objeto interestelar descubierto nos recuerda que el Sistema Solar no está aislado, sino profundamente conectado con el vasto y dinámico entorno galáctico que lo rodea.

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domingo, 21 de diciembre de 2025

COMETA C/2025 K1 ( Atlas ).

 




Nombre:  C/2025 K1 ( ATLAS )

Lights:  70 fotografías ( RAW ) de 45 segundos cada una a ISO 6500.

Darks:  40    Bias:  50        Flats: 50       Temperatura:    +5º.

Montura:  NEQ6 PRO II

Telescopio: SW Newton 200/1000 F5

Cámara:  Canon EOS 600D  + corrector de coma + filtro Optolong L-enhance.

Cámara guiado:  ASI 290 MC.

Programa de apilado y procesado: PixInsight.

Luna: Fase de luna nueva

Seeing:  El cielo estaba despejado, aparentemente Bueno.

  

El pasado 22 de noviembre realicé una sesión de astrofotografía a un cometa descubierto en mayo de 2025 y bautizado como C/2025 K1 (ATLAS). Se trata de un cuerpo proveniente de los confines de nuestro sistema solar, de la nube de Oort. Tiene una órbita muy excéntrica y probablemente ya no vuelva a visitarnos.

La fotografía de este cometa es especial porque, al llegar a su perihelio en octubre, no pudo soportar el calor del Sol y el gran cuerpo de hielo se fracturó primero en dos y finalmente en tres partes. Debido a la fragmentación de su núcleo, es muy probable que el cometa se encuentre en una fase avanzada de desintegración. En la imagen ampliada podemos distinguir perfectamente los tres fragmentos de hielo situados en la región de la coma del cometa.

 

Captura de imágenes y procesado

Como he comentado anteriormente, la sesión de astrofotografía la realicé la madrugada del 22 de noviembre desde la azotea de mi casa, en Lleida. Debido a la contaminación lumínica, en las sesiones de cielo profundo suelo utilizar un filtro que me funciona muy bien para neutralizar el fondo del cielo y eliminar la luz artificial de las imágenes.

Como siempre, saqué la montura a la terraza y la puse en estación siguiendo los pasos 2, 3 y 4 ya publicados en el blog. Al tratarse de un objeto muy pequeño y débil, en esta ocasión me decanté por el tubo Newton de 8”, ya que tiene una distancia focal de 1000 mm y, además, es muy luminoso.

En total realicé unas 70 capturas de 45 segundos cada una, a ISO 6500, con la ayuda del portátil y el programa NINA. De esta forma, las imágenes se guardaban directamente en el ordenador. Al finalizar la captura de los lights, realicé los flats, bias y darks.
Cuando terminé, recogí todo el equipo y lo guardé a la espera del próximo objeto a fotografiar.

 

Procesado de la imagen

Con todas las tomas de calibración listas, me dispuse a realizar el procesado del cometa utilizando el programa de astronomía PixInsight. En la fase de apilado tuve muchos problemas para obtener una imagen en la que solo aparecieran las estrellas. El apilado y procesado de cometas siempre lo realizo por separado: primero separo las estrellas del cometa, obteniendo una imagen en la que solo aparece el cometa, sin estrellas; y, por otra parte, obtengo una imagen en la que resto el cometa para quedarme únicamente con las estrellas.

Una vez tengo ambas imágenes, las sumo para obtener una sola imagen con el cometa puntual y las estrellas puntuales, y es con esta imagen con la que comienzo el procesado.

Fue durante la obtención de esta última imagen donde encontré más dificultades, ya que no conseguía eliminar correctamente el cometa. Finalmente desistí y utilicé una imagen de una sesión anterior en la que solo aparecían estrellas. Con ambas imágenes ya disponibles, las fusioné y comencé el procesado final, llegando así a la imagen publicada.

 

Información del cometa C/2025 K1.

El cometa C/2025 K1 (ATLAS) fue descubierto el 24 de mayo de 2025 por el programa Asteroid Terrestrial-impact Last Alert System (ATLAS) desde Chile, diseñado para detectar objetos cercanos a la Tierra. Este cuerpo es un cometa dinámicamente nuevo que proviene de la Nube de Oort, una vasta región helada en los límites del sistema solar, lo que significa que probablemente nunca había entrado antes en el interior del sistema solar. Su composición incluye hielos y polvo con una notable escasez de moléculas de carbono comunes en otros cometas, lo que le da una coloración inusual.

C/2025 K1 alcanzó su perihelio (punto más cercano al Sol) el 8 de octubre de 2025, a aproximadamente 0,33 unidades astronómicas del Sol. Tras el perihelio, el intenso calor y las tensiones térmicas provocaron que su núcleo empezara a fragmentarse en varios trozos, observación confirmada a mediados de noviembre de 2025. Este fenómeno indica que el cometa es estructuralmente débil, con un núcleo que se deshace al calentarse y liberar gases.

La órbita de C/2025 K1 es muy alargada y no periódica, típica de objetos que vienen de la Nube de Oort, con una inclinación alta y sin volver en cortos períodos. El estudio de este cometa es importante para la comunidad científica porque ofrece una oportunidad única de observar en tiempo real cómo reaccionan y se desintegran los cometas nuevos al pasar cerca del Sol, aportando datos valiosos sobre la estructura interna, la composición primitiva del sistema solar y los procesos de sublimación y fragmentación.

 

Hasta aquí la publicación dedicada a este fascinnte visitante proveniente de los confimes de nuestro sistema solar.

 

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viernes, 31 de octubre de 2025

COMETA LEMMON C/2025 A6

 


Nombre:  C/2025 A6  - LEMMON -

Lights:  15 fotografías ( RAW ) de 120 segundos cada una a ISO 1600.

Darks:  20    Bias:  20        Flats: 20        Temperatura:    +20 º.

Montura:  NEQ6 PRO II

Telescopio: SW Evostar 72ED

Cámara:  Canon EOS 600D

Cámara guiado:  Sin guiado.

Programa de apilado y procesado: PixInsight.

Luna: Fase de luna nueva

Seeing:  El cielo estaba despejado, aparentemente Bueno.

 


 

El cometa C/2025 A6 (Lemmon): un visitante de hielo bajo la Corona Boreal

El cometa C/2025 A6 (Lemmon) ha sido uno de los protagonistas del cielo de este mes de octubre. Se trata de un cometa no periódico descubierto en enero de 2025 por el observatorio Mount Lemmon, en Arizona (EE. UU.), que dio nombre al objeto.

Este visitante proviene de las regiones más lejanas del Sistema Solar, probablemente de la Nube de Oort, y sigue una órbita elíptica de largo periodo que lo traerá de nuevo cerca del Sol dentro de unos 1.400 años. Es decir, si todo sigue su curso, volverá a ser visible desde la Tierra hacia el año 3400.

 

Una noche bajo la Corona Boreal

Aprovechando un par de noches con buenas condiciones atmosféricas y coincidiendo con la fase de luna llena, decidí intentar inmortalizar este espectacular cometa con una sesión de astrofotografía.

La realicé el 23 de octubre desde la azotea de mi casa. Utilicé una montura NEQ6, una cámara Canon 600D y un objetivo Sigma a 200 mm de focal. Aquella noche, el cometa se encontraba justo debajo de la constelación de la Corona Boreal, en una posición muy favorable para su observación durante las primeras horas de la noche.

Con este equipo tomé unas 20 fotografías. Después monté el telescopio Evostar 72ED, con el que realicé 15 exposiciones de 120 segundos a ISO 1600.

 

Un cometa difícil pero hermoso

El cometa se encontraba muy bajo sobre el horizonte, y aunque su brillo aumentó notablemente —llegando a ser visible a simple vista desde zonas oscuras—, la contaminación lumínica de la ciudad dificultó obtener imágenes con buena señal.

Aun así, en las fotografías se distingue claramente la coma, esa envoltura gaseosa que rodea el núcleo helado, y sus dos colas: una iónica, estrecha y alargada formada por gases ionizados que el viento solar empuja directamente, y otra de polvo, más corta y ancha, compuesta por diminutas partículas sólidas que reflejan la luz del Sol.

 

Segunda sesión con la Sociedad Astronómica de Lleida

El 26 de octubre nos reunimos varios miembros de la Sociedad Astronómica de Lleida a unos cinco kilómetros de la ciudad para volver a fotografiarlo. En esa ocasión no llevé el telescopio, sino una cámara réflex con un objetivo Sigma de 300 mm y un trípode fotográfico.

Al no disponer de montura ecuatorial, tuve que limitar las exposiciones a 5 segundos para evitar el movimiento de las estrellas. A pesar de ello, las imágenes ya mostraban pequeñas trazas debidas a la rotación terrestre.

El vídeo que he publicado está compuesto por unas 40 fotografías consecutivas, tomadas durante unos tres minutos. En él se aprecia perfectamente el desplazamiento del cometa y la cantidad de satélites artificiales que cruzan el campo, un fenómeno cada vez más común que dificulta la astrofotografía de larga exposición.

 

Un mensajero del origen del Sistema Solar

El C/2025 A6 (Lemmon) está compuesto por una mezcla de hielos de agua, dióxido de carbono, metano, amoníaco y polvo: materiales que conservan la huella de los primeros tiempos del Sistema Solar.

Cuando se acerca al Sol, el calor provoca que estos hielos se sublimen, liberando gas y polvo que forman su característica coma y sus colas. Su órbita, inclinada unos 70 grados respecto al plano de la eclíptica, lo convierte en un visitante infrecuente, pero no único. Si nada cambia, volverá a visitarnos dentro de unos catorce siglos.

 

Reflexión final

Observar y fotografiar un cometa como el Lemmon siempre es una experiencia especial. Durante unos pocos días, un fragmento helado procedente de los confines del Sistema Solar se convierte en protagonista de nuestras noches, recordándonos la belleza efímera y cambiante del cosmos.

Cada cometa nos invita a mirar hacia arriba, con paciencia, curiosidad y asombro, conscientes de que estamos siendo testigos de un fenómeno que no se repetirá en muchas generaciones.


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