Nombre: NGC 6992 “ Nebulosa del velo oriental ”.
Light: 44 fotografías
(RAW) de 300 segundos cada una a ISO
1600.
Darks: Bias: Flats: Temperatura:
Telescopio: Sky Watcher Evostar 72 ed.
Cámara: Canon 600D
modificada + filtro L-eNhance.
Montura: Neq. 6 Pro.
Guiado: PHD2.
Capturas de las
fotografías: NINA.
Apilado y
procesado: PixInsight.
Lugar de las
capturas: Lleida.
Ubicada en una de
las alas de la constelación del Cisne (Cygnus), encontramos una de las
nebulosas más espectaculares y extensas del cielo nocturno: El Bucle de
Cygnus. Este impresionante objeto es el remanente de una supernova
que explotó hace aproximadamente 10.000–20.000 años, cuando una estrella
muy masiva llegó al final de su vida. La violenta explosión expulsó sus capas
externas al espacio a enormes velocidades, generando una onda de choque que
todavía hoy continúa expandiéndose e interactuando con el medio interestelar
circundante.
El Bucle de Cygnus
es una nebulosa enorme, con un diámetro aparente de unas 3 veces el tamaño
de la Luna llena, lo que hace que ocupe una gran porción de la bóveda
celeste. Se encuentra a una distancia aproximada de 2.400 años luz de la
Tierra y, bajo cielos oscuros y libres de contaminación lumínica, puede
observarse incluso con prismáticos y pequeños telescopios. Debido a su
gran tamaño, para fotografiar el conjunto completo es necesario emplear focales
cortas, alrededor de 200 mm; con focales superiores a 300 mm el
objeto ya no cabe en el campo de visión y es imprescindible realizar mosaicos.
Tradicionalmente,
el Bucle de Cygnus se divide en tres regiones principales. Por un lado,
la nebulosa del Velo Oriental (NGC 6992), una de las zonas más
brillantes y detalladas; por otro, la nebulosa del Velo Occidental (NGC6960), que destaca por su cercanía visual a la estrella 52 Cygni; y
finalmente el Triángulo de Pickering, una región más difusa situada
entre ambas. En realidad, dentro del Velo Oriental encontramos dos objetos
diferenciados: NGC 6992 y NGC 6995, este último conocido
popularmente como “la nebulosa del murciélago” debido a su
característica forma.
La nebulosa está
compuesta principalmente por hidrógeno, oxígeno y azufre ionizados,
restos del material estelar expulsado por la supernova. Los característicos colores
rojizos y azulados se deben a la emisión de estos gases al ser excitados
por la onda de choque: el rojo proviene del hidrógeno (línea H-alfa),
mientras que los tonos azulados y verdosos corresponden al oxígeno
doblemente ionizado (OIII). Además, las estructuras filudales y filamentos que
observamos son el resultado de intensas corrientes de viento estelar y
de la colisión del frente de choque con regiones de diferente densidad del
medio interestelar, creando esas delicadas y complejas formas que hacen del
Bucle de Cygnus un objetivo fascinante tanto para la observación visual como
para la astrofotografía.
La fotografía
publicada ha sido realizada con el telescopio Evostar 72ED y muestra una
de las zonas más llamativas del conjunto: la nebulosa del Velo Oriental,
donde los detalles finos y los contrastes de color revelan con claridad la
enorme energía liberada por una estrella que, aunque murió hace miles de años,
sigue dejando su huella en el cosmos
¿Podéis
ver el murciélago?
Al observar con
detenimiento la imagen, muchas personas no solo identifican claramente la
silueta de un murciélago, sino que también aseguran distinguir otras formas
sorprendentes. Algunos afirman ver el rostro de una persona, otros el perfil
de un caballo con su largo cuello, e incluso hay quienes reconocen la
figura de un dragón extendiendo sus alas. Este fenómeno, conocido como pareidolia,
demuestra que la imaginación humana no tiene límites y que, en el cielo
profundo, cada observador puede encontrar una historia diferente escondida
entre los filamentos de gas y polvo interestelar.
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visitar mi blog.
Saludos y……
¡¡¡¡ BUENOS
CIELOS !!!!


