martes, 24 de febrero de 2026

NGC 7293 Nebulosa de la Hélice “ El ojo de Dios ”.

 


Nombre:  NGC 7293  “ Nebulosa de la Hélice ”.

Light: 40 fotografías (RAW)  de 300 segundos cada una a ISO 1600.

Darks:  60       Bias:  60       Flats:  30   

Temperatura:  21ºC

Telescopio:  Sky Watcher Newton 200/1000 F5.

Cámara: Canon 600D modificada + filtro L-eNhance.

Montura:  Neq. 6 Pro.

Guiado:  PHD2.

Capturas de las fotografías:  NINA.

Lugar de las capturas:  Lleida ciudad.

Fecha: 20 de agosto.

Apilado y procesado con PixInsight.

 

Hace unos días realicé una fotografía de la impresionante Nebulosa de la Hélice, conocida coloquialmente como el “Ojo de Dios”, desde la azotea de mi casa en Lleida. A pesar de estar en plena ciudad y bajo un cielo afectado por la contaminación lumínica, el resultado ha sido muy satisfactorio.

Para la captura utilicé un telescopio Newton 200/1000 F5,  un instrumento con una excelente relación entre apertura y resolución, ideal para objetos de cielo profundo. Acoplé una cámara réflex modificada para astrofotografía, lo que permite una mayor sensibilidad a la línea de emisión del hidrógeno alfa. Además, empleé un filtro anticontaminación lumínica L-Enhance, que realza las emisiones de hidrógeno y oxígeno mientras bloquea gran parte de la luz artificial urbana.

Como siempre, puse la montura en estación siguiendo los pasos 2, 3 y 4 ya publicados en el blog y, cuando terminé la sesión de captura, realicé las tomas de calibración: darks, bias y flats. Una vez terminada la sesión de astrofotografía, sobre las 04:50 de la madrugada, recogí el equipo y lo guardé a la espera de la próxima sesión de astrofotografía. 

La imagen final es el resultado de apilar 40 fotografías de 300 segundos cada una, lo que suma un total de 200 minutos de integración. Aunque pueda parecer un tiempo relativamente modesto para astrofotografía de espacio profundo, la nebulosa se aprecia perfectamente incluso con esta integración. Su estructura anular y los filamentos gaseosos exteriores se distinguen con notable claridad.

La Nebulosa de la Hélice se encuentra en la constelación de Acuario y está situada aproximadamente a 650 años luz de la Tierra. Es una nebulosa planetaria, es decir, el remanente gaseoso expulsado por una estrella similar al Sol en las etapas finales de su vida. Se formó hace unos 10.000 años, cuando la estrella central agotó su combustible nuclear y expulsó sus capas externas al espacio.

En su centro permanece una enana blanca, el núcleo estelar residual extremadamente caliente que emite intensa radiación ultravioleta. Esta radiación ioniza el gas circundante, haciendo que brille con colores característicos. El tono rojizo proviene principalmente del hidrógeno ionizado, mientras que los colores azulados y verdosos se deben al oxígeno doblemente ionizado.

Su apariencia recuerda a un gigantesco ojo cósmico, de ahí su apodo popular. Sin embargo, más allá de su estética impactante, representa una fase evolutiva que nuestro propio Sol experimentará dentro de unos 5.000 millones de años. Cuando el Sol agote su hidrógeno, se expandirá como gigante roja y, finalmente, expulsará sus capas externas formando una nebulosa planetaria similar.

Fotografiar la Nebulosa de la Hélice desde un entorno urbano demuestra cómo la tecnología actual y la pasión por la astronomía permiten capturar objetos situados a cientos de años luz. Cada fotón recogido durante esas largas exposiciones inició su viaje mucho antes de que existiera la civilización moderna. Contemplar y retratar este vestigio estelar desde mi propia azotea en Lleida ha sido, sin duda, una experiencia profundamente emocionante y reveladora.

Adjunto uno de los lights de 300 segundos y el masterlight tras el apilado preparado para empezar el procesado, así podeis comparar el resultado final después de todo el trabajo de procesado de la imagen.

Light.

Uno de los 40 lights de 300s a ISO 1600 con la Canon 600d y el filtro anticontaminación lumínica.

Master light.

Master light preparada para iniciar el procesado de la imagen.


 

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domingo, 8 de febrero de 2026

NGC 6979 “Triángulo de Pickering”.

 




Nombre:  NGC 6979  “ Triángulo de Pickering ”.

Light: 40 fotografías (RAW)  de 300 segundos cada una a ISO 1600.

Darks:  60       Bias:  60       Flats:  30    Temperatura:  28ºC

Telescopio:  Sky Watcher Evostar 72 ed.

Cámara: Canon 600D modificada + filtro L-eNhance.

Montura:  Neq. 6 Pro.

Guiado:  PHD2.

Capturas de las fotografías:  NINA.

Lugar de las capturas:  Lleida ciudad.

Apilado y procesado:  PixInsight.

 

Ubicada en el ala izquierda de la constelación del Cisne, se encuentra una extensa y espectacular nebulosa conocida como el Bucle de Cygnus. Este objeto es el remanente de una supernova que explotó hace aproximadamente 10.000–20.000 años, dejando tras de sí una enorme burbuja de gas ionizado en expansión. En el cielo ocupa un área muy extensa, de unos 3 grados de diámetro, lo que equivale a seis veces el tamaño aparente de la Luna llena.

El Bucle de Cygnus se localiza a una distancia aproximada de 2.400 años luz de la Tierra, dentro del brazo de Orión de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Físicamente, el remanente tiene un diámetro real cercano a 120 años luz, y continúa expandiéndose a velocidades del orden de 200–400 km/s, lo que permite a los astrónomos estudiar directamente los procesos de choque entre el material expulsado por la supernova y el medio interestelar circundante.

Esta nebulosa se divide tradicionalmente en tres regiones principales: la Nebulosa del Velo Oriental, el Triángulo de Pickering y la Nebulosa del Velo Occidental. En la astrofotografía presentada se pueden apreciar dos de estas estructuras. En la parte superior destaca el Velo Occidental, catalogado como NGC 6960 y conocido popularmente como la Escoba de la Bruja, una delicada red de filamentos producidos por la onda de choque de la explosión. En la zona central e inferior se observa NGC 6979 “El Triángulo de Pickering”, una compleja región filamentosa descubierta fotográficamente a comienzos del siglo XX por Williamina Fleming, que durante años fue erróneamente atribuida a Edward Pickering.

Desde el punto de vista técnico, se trata de una nebulosa de emisión muy débil, cuyo brillo procede principalmente del oxígeno doblemente ionizado (OIII) y del hidrógeno ionizado (H-alfa). Por ello, su observación visual y fotográfica se beneficia enormemente del uso de filtros de banda estrecha, especialmente filtros OIII, que aumentan el contraste incluso desde entornos con contaminación lumínica moderada, como puede ser un entorno urbano. Visualmente puede observarse desde cielos oscuros con telescopios de 150–200 mm de apertura, mientras que la astrofotografía permite revelar detalles extremadamente finos mediante largas exposiciones y técnicas de apilado.

La importancia científica de este tipo de astrofotografías es notable. Los remanentes de supernova como el Bucle de Cygnus son auténticos laboratorios astrofísicos naturales, donde se estudia la nucleosíntesis de elementos pesados, la dinámica de ondas de choque, la interacción del plasma con los campos magnéticos galácticos y el enriquecimiento químico del medio interestelar. Además, la astrofotografía de alta resolución —incluso realizada por astrónomos aficionados— proporciona datos valiosos para el seguimiento de la evolución temporal de los filamentos, complementando observaciones profesionales en otras longitudes de onda como radio, ultravioleta o rayos X.

En conjunto, esta imagen demuestra cómo la astrofotografía urbana, apoyada en técnicas modernas y equipamiento adecuado, no solo tiene un gran valor estético, sino que también contribuye a la divulgación y al conocimiento científico de algunos de los procesos más energéticos y fundamentales del universo

 

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jueves, 5 de febrero de 2026

NGC 6992 Nebulosa del Velo oriental

 



Nombre:  NGC 6992 “ Nebulosa del velo oriental ”.

Light: 44 fotografías (RAW)  de 300 segundos cada una a ISO 1600.

Darks:          Bias:       Flats:       Temperatura:

Telescopio:  Sky Watcher Evostar 72 ed.

Cámara: Canon 600D modificada + filtro L-eNhance.

Montura:  Neq. 6 Pro.

Guiado:  PHD2.

Capturas de las fotografías:  NINA.

Apilado y procesado: PixInsight.

Lugar de las capturas:  Lleida.

 

Ubicada en una de las alas de la constelación del Cisne (Cygnus), encontramos una de las nebulosas más espectaculares y extensas del cielo nocturno: El Bucle de Cygnus. Este impresionante objeto es el remanente de una supernova que explotó hace aproximadamente 10.000–20.000 años, cuando una estrella muy masiva llegó al final de su vida. La violenta explosión expulsó sus capas externas al espacio a enormes velocidades, generando una onda de choque que todavía hoy continúa expandiéndose e interactuando con el medio interestelar circundante.

El Bucle de Cygnus es una nebulosa enorme, con un diámetro aparente de unas 3 veces el tamaño de la Luna llena, lo que hace que ocupe una gran porción de la bóveda celeste. Se encuentra a una distancia aproximada de 2.400 años luz de la Tierra y, bajo cielos oscuros y libres de contaminación lumínica, puede observarse incluso con prismáticos y pequeños telescopios. Debido a su gran tamaño, para fotografiar el conjunto completo es necesario emplear focales cortas, alrededor de 200 mm; con focales superiores a 300 mm el objeto ya no cabe en el campo de visión y es imprescindible realizar mosaicos.

Tradicionalmente, el Bucle de Cygnus se divide en tres regiones principales. Por un lado, la nebulosa del Velo Oriental (NGC 6992), una de las zonas más brillantes y detalladas; por otro, la nebulosa del Velo Occidental (NGC6960), que destaca por su cercanía visual a la estrella 52 Cygni; y finalmente el Triángulo de Pickering, una región más difusa situada entre ambas. En realidad, dentro del Velo Oriental encontramos dos objetos diferenciados: NGC 6992 y NGC 6995, este último conocido popularmente como “la nebulosa del murciélago” debido a su característica forma.

La nebulosa está compuesta principalmente por hidrógeno, oxígeno y azufre ionizados, restos del material estelar expulsado por la supernova. Los característicos colores rojizos y azulados se deben a la emisión de estos gases al ser excitados por la onda de choque: el rojo proviene del hidrógeno (línea H-alfa), mientras que los tonos azulados y verdosos corresponden al oxígeno doblemente ionizado (OIII). Además, las estructuras filudales y filamentos que observamos son el resultado de intensas corrientes de viento estelar y de la colisión del frente de choque con regiones de diferente densidad del medio interestelar, creando esas delicadas y complejas formas que hacen del Bucle de Cygnus un objetivo fascinante tanto para la observación visual como para la astrofotografía.

La fotografía publicada ha sido realizada con el telescopio Evostar 72ED y muestra una de las zonas más llamativas del conjunto: la nebulosa del Velo Oriental, donde los detalles finos y los contrastes de color revelan con claridad la enorme energía liberada por una estrella que, aunque murió hace miles de años, sigue dejando su huella en el cosmos

 

¿Podéis ver el murciélago?

Al observar con detenimiento la imagen, muchas personas no solo identifican claramente la silueta de un murciélago, sino que también aseguran distinguir otras formas sorprendentes. Algunos afirman ver el rostro de una persona, otros el perfil de un caballo con su largo cuello, e incluso hay quienes reconocen la figura de un dragón extendiendo sus alas. Este fenómeno, conocido como pareidolia, demuestra que la imaginación humana no tiene límites y que, en el cielo profundo, cada observador puede encontrar una historia diferente escondida entre los filamentos de gas y polvo interestelar.

 



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