Secuencia del eclipse En su totalidad:
El
pasado 12 de agosto vivimos en familia uno de esos acontecimientos únicos que
nunca olvidaremos. Tuvimos la suerte de contemplar el eclipse total de Sol
desde Carrasumada, en Torres de Segre, Lleida, en una jornada que acabó
convirtiéndose en mucho más que una simple observación astronómica.
Varios
socios de la Societat Astronòmica de Lleida (SALL) nos reunimos allí junto con
nuestras familias y con numerosos espectadores que se acercaron para disfrutar
del eclipse. Desde las 17:30 ya teníamos todo el equipo preparado y montado.
Telescopios, cámaras, filtros solares y todo lo necesario para poder seguir el
fenómeno y, al mismo tiempo, compartirlo con todas las personas que habían
decidido acompañarnos.
Además
de preparar nuestros equipos de observación y fotografía, instalamos un altavoz
y un micrófono para poder ir informando al público de la evolución del eclipse.
Desde el comienzo fuimos explicando las diferentes fases del fenómeno, cómo iba
avanzando la Luna sobre el disco solar y qué era lo que podíamos esperar
durante las horas siguientes.
También
dedicamos especial atención a la seguridad. Informamos a todos los asistentes
sobre la manera correcta de observar el Sol utilizando las gafas homologadas
para eclipses y recordamos la importancia de no mirar directamente al Sol
durante las fases parciales sin la protección adecuada. A medida que se
acercaba la totalidad, la expectación entre todos los presentes iba creciendo.
Un
eclipse total de Sol es, sin duda, uno de los fenómenos naturales más
impresionantes que el ser humano puede contemplar con sus propios ojos. Tener
la oportunidad de presenciar cómo la Luna oculta completamente al Sol y
transforma por unos instantes el paisaje y el cielo es una experiencia difícil
de describir con palabras. Y poder vivirlo rodeado de familia, amigos,
compañeros de la SALL y tantas personas con la misma ilusión por la astronomía
lo hizo todavía más especial.
El
fenómeno comenzó alrededor de las 19:30, cuando la Luna empezó a cubrir
progresivamente el disco solar. Poco a poco, el Sol fue adquiriendo esa
característica forma de creciente, mientras la luz ambiental iba cambiando de
manera muy evidente.
A
través del micrófono continuábamos explicando al público cada una de las fases
y animando a los asistentes a observar los cambios que se estaban produciendo a
su alrededor. La temperatura, la luz y el aspecto del paisaje comenzaban a
transformarse mientras la Luna avanzaba lentamente sobre el Sol.
La
totalidad llegó aproximadamente a las 20:34 y duró unos 48 segundos. Fueron
apenas unos instantes, pero la intensidad de lo que vivimos hizo que parecieran
mucho más largos.
En
los momentos previos a la totalidad continuamos dando indicaciones al público
sobre las gafas de eclipse. Y cuando finalmente llegó el momento esperado,
anunciamos que podíamos retirarlas y contemplar el espectáculo visual que
teníamos delante.
En
ese instante nos quitamos las gafas de eclipse y pudimos contemplar el Sol
completamente negro, rodeado por su espectacular corona blanca y dorada. Ver
aquella imagen directamente en el cielo fue sencillamente indescriptible. Era
algo completamente diferente a cualquier fotografía o vídeo que hubiéramos
podido ver anteriormente.
Y
entonces ocurrió algo que ninguna fotografía puede capturar.
Todas
las personas que nos encontrábamos allí empezamos a gritar de alegría. Fueron
gritos espontáneos, de emoción, de sorpresa, de incredulidad ante lo que
estábamos viendo. Algunos se abrazaban, otros levantaban la mirada
completamente en silencio y hubo incluso quien no pudo contener las lágrimas
ante aquella visión.
Durante
aquellos instantes se mezclaron los abrazos, las risas, los gritos de alegría y
también las miradas silenciosas hacia el cielo. No hacía falta decir nada.
Todos estábamos viviendo exactamente lo mismo y compartíamos un sentimiento de
felicidad y emoción difícil de explicar.
Durante
unos segundos, todos quedamos prácticamente hipnotizados mirando al cielo.
Éramos muchas personas diferentes, reunidas allí por motivos distintos, pero en
aquel momento todos compartíamos la misma emoción y la misma sensación de estar
contemplando algo extraordinario.
Fueron
apenas unos 48 segundos, pero parecieron detener el tiempo. Durante ese breve
instante desaparecieron las conversaciones, los equipos, las cámaras y todo lo
que nos rodeaba. Solo existíamos nosotros, el cielo y aquel Sol negro rodeado
por su impresionante corona.
Fue
uno de esos momentos que no necesitan palabras para ser recordados. Un instante
compartido que quedó grabado no solo en nuestras fotografías, sino también en
la memoria y, estoy seguro, en el corazón de todos los que tuvimos la suerte de
estar allí.
Para capturar el eclipse utilicé durante la fase parcial un telescopio 72 ED equipado con un filtro solar de lámina Baader y una cámara planetaria ZWO ASI 290MC. Este equipo me permitió seguir y fotografiar con detalle la evolución del eclipse a medida que la Luna iba avanzando sobre el disco solar.
Cuando
se acercó el momento de la totalidad llegó el momento de cambiar la
configuración. Retiré la cámara planetaria y coloqué una cámara réflex acoplada
al telescopio, con la intención de capturar los instantes más espectaculares
que estaban a punto de suceder.
Con
la réflex y el telescopio 72 ED pude captar una secuencia que resume algunos de
los momentos más impresionantes del eclipse.
Primero
apareció el espectacular anillo de
diamante, un último y brillante destello de luz solar que
precede a la totalidad. Después llegaron las perlas de Baily, donde se pueden apreciar tres
pequeñas perlas de luz producidas por los últimos rayos solares que atraviesan
los valles de la superficie lunar.
Y
finalmente llegó la totalidad.
El
disco solar quedó completamente oculto y una prominencia rojiza era visible en
el lado izquierdo del Sol. La imagen era realmente espectacular: la Luna
completamente negra destacaba sobre una brillante corona solar que se extendía
a su alrededor.
Durante
esos aproximadamente 48 segundos, el entorno cambió completamente. La luz del
día desapareció de forma repentina y el cielo adquirió una oscuridad
extraordinaria. La sensación era muy diferente a la de un atardecer normal:
todo sucedía rápidamente, casi como si alguien hubiera apagado la luz de
repente.
La
oscuridad permitió además observar objetos celestes que normalmente no podemos
distinguir durante el día. Durante la totalidad pudimos observar el planeta
Venus, la estrella Arturo e incluso algunas de las estrellas que forman el
conocido Triángulo de Verano: Vega, Deneb y Altair.
Fue
uno de esos momentos en los que la astronomía deja de ser simplemente algo que
observamos a través de un telescopio y pasa a convertirse en una experiencia
que vivimos directamente. El cielo, la luz, el paisaje y nuestra propia
percepción parecían haber cambiado durante unos segundos.
Durante
la totalidad también grabé vídeo, intentando conservar no solo las imágenes del
fenómeno, sino también una pequeña parte de lo que estábamos viviendo. Sin
embargo, lo más importante no fue conseguir las fotografías o el vídeo
perfecto, sino poder disfrutar de aquel momento junto a mi familia y
compartirlo con todas las personas que estaban allí.
Después
de la totalidad, otro destello de luz anunció el regreso del Sol y nos llevó
hasta el segundo anillo de diamante.
Las perlas de Baily volvieron a aparecer y, poco a poco, la luz comenzó a
recuperar su intensidad.
En
ese momento volví a colocar el filtro solar en el telescopio para poder
continuar observando y fotografiando el eclipse de forma segura durante la
siguiente fase parcial. Después retiré la cámara réflex y volví a colocar la
cámara planetaria ZWO ASI 290MC para continuar capturando las últimas fases del
eclipse.
Finalmente,
el eclipse terminó coincidiendo con la puesta de Sol, cuando el fenómeno ya se
encontraba de nuevo en su fase parcial. La Luna fue abandonando progresivamente
el disco solar hasta que el eclipse llegó a su fin.
Pero
nuestra jornada astronómica todavía no había terminado.
Después
del eclipse decidimos quedarnos en Carrasumada para aprovechar la noche y
observar otro de los espectáculos que nos ofrece el cielo de agosto: las Lágrimas de San Lorenzo, la conocida
lluvia de meteoros de las Perseidas.
Con
el eclipse ya terminado y el cielo completamente oscuro, pudimos disfrutar de
otra faceta de la astronomía. Junto con varios miembros de la SALL realicé un
reconocimiento de las constelaciones de verano para todo el público que todavía
permanecía allí. Después de haber contemplado el Sol completamente eclipsado,
dirigimos ahora nuestra mirada hacia las estrellas.
Fuimos
identificando algunas de las principales constelaciones y estrellas visibles en
el cielo de verano, explicando a los asistentes cómo orientarse y reconocerlas.
El Triángulo de Verano, que algunos habíamos podido distinguir durante la
totalidad, volvía ahora a mostrarse con toda su intensidad en un cielo ya
completamente oscuro.
Fue
una manera perfecta de terminar una jornada dedicada por completo a la
astronomía: comenzamos observando el Sol y terminamos mirando las estrellas y
esperando la aparición de las Perseidas.
Este
es el resultado de una experiencia única, emocionante e irrepetible. Una
experiencia que pudimos vivir en familia, compartir con nuestros compañeros de
la Societat Astronòmica de Lleida y, sobre todo, acercar a todas las personas
que se reunieron aquella tarde en Carrasumada.
Porque,
por encima de las imágenes, los equipos utilizados o la técnica fotográfica,
queda el recuerdo de aquellos segundos en los que pudimos levantar la mirada y
contemplar uno de los espectáculos naturales más impresionantes que podemos
experimentar.
Pero
también queda la satisfacción de haber podido compartirlo, explicarlo y
disfrutarlo juntos.
El
eclipse duró apenas unos minutos y la totalidad tan solo unos 48 segundos, pero
la experiencia permanecerá para siempre.
Un recuerdo que,
sin duda, nunca podremos olvidar.
Gracias por
visitar mi blog.
Saludos y ……
¡¡¡¡ BUENOS CIELOS
!!!!











