jueves, 5 de febrero de 2026

NGC 6992 Nebulosa del Velo oriental

 



Nombre:  NGC 6992 “ Nebulosa del velo oriental ”.

Light: 44 fotografías (RAW)  de 300 segundos cada una a ISO 1600.

Darks:          Bias:       Flats:       Temperatura:

Telescopio:  Sky Watcher Evostar 72 ed.

Cámara: Canon 600D modificada + filtro L-eNhance.

Montura:  Neq. 6 Pro.

Guiado:  PHD2.

Capturas de las fotografías:  NINA.

Apilado y procesado: PixInsight.

Lugar de las capturas:  Lleida.

 

Ubicada en una de las alas de la constelación del Cisne (Cygnus), encontramos una de las nebulosas más espectaculares y extensas del cielo nocturno: El Bucle de Cygnus. Este impresionante objeto es el remanente de una supernova que explotó hace aproximadamente 10.000–20.000 años, cuando una estrella muy masiva llegó al final de su vida. La violenta explosión expulsó sus capas externas al espacio a enormes velocidades, generando una onda de choque que todavía hoy continúa expandiéndose e interactuando con el medio interestelar circundante.

El Bucle de Cygnus es una nebulosa enorme, con un diámetro aparente de unas 3 veces el tamaño de la Luna llena, lo que hace que ocupe una gran porción de la bóveda celeste. Se encuentra a una distancia aproximada de 2.400 años luz de la Tierra y, bajo cielos oscuros y libres de contaminación lumínica, puede observarse incluso con prismáticos y pequeños telescopios. Debido a su gran tamaño, para fotografiar el conjunto completo es necesario emplear focales cortas, alrededor de 200 mm; con focales superiores a 300 mm el objeto ya no cabe en el campo de visión y es imprescindible realizar mosaicos.

Tradicionalmente, el Bucle de Cygnus se divide en tres regiones principales. Por un lado, la nebulosa del Velo Oriental (NGC 6992), una de las zonas más brillantes y detalladas; por otro, la nebulosa del Velo Occidental (NGC6960), que destaca por su cercanía visual a la estrella 52 Cygni; y finalmente el Triángulo de Pickering, una región más difusa situada entre ambas. En realidad, dentro del Velo Oriental encontramos dos objetos diferenciados: NGC 6992 y NGC 6995, este último conocido popularmente como “la nebulosa del murciélago” debido a su característica forma.

La nebulosa está compuesta principalmente por hidrógeno, oxígeno y azufre ionizados, restos del material estelar expulsado por la supernova. Los característicos colores rojizos y azulados se deben a la emisión de estos gases al ser excitados por la onda de choque: el rojo proviene del hidrógeno (línea H-alfa), mientras que los tonos azulados y verdosos corresponden al oxígeno doblemente ionizado (OIII). Además, las estructuras filudales y filamentos que observamos son el resultado de intensas corrientes de viento estelar y de la colisión del frente de choque con regiones de diferente densidad del medio interestelar, creando esas delicadas y complejas formas que hacen del Bucle de Cygnus un objetivo fascinante tanto para la observación visual como para la astrofotografía.

La fotografía publicada ha sido realizada con el telescopio Evostar 72ED y muestra una de las zonas más llamativas del conjunto: la nebulosa del Velo Oriental, donde los detalles finos y los contrastes de color revelan con claridad la enorme energía liberada por una estrella que, aunque murió hace miles de años, sigue dejando su huella en el cosmos

 

¿Podéis ver el murciélago?

Al observar con detenimiento la imagen, muchas personas no solo identifican claramente la silueta de un murciélago, sino que también aseguran distinguir otras formas sorprendentes. Algunos afirman ver el rostro de una persona, otros el perfil de un caballo con su largo cuello, e incluso hay quienes reconocen la figura de un dragón extendiendo sus alas. Este fenómeno, conocido como pareidolia, demuestra que la imaginación humana no tiene límites y que, en el cielo profundo, cada observador puede encontrar una historia diferente escondida entre los filamentos de gas y polvo interestelar.

 



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