martes, 22 de septiembre de 2026

ECLIPSE SOLAR TOTAL 12 DE AGOSTO DEL 2026

 



Secuencia del eclipse En su totalidad:










El pasado 12 de agosto vivimos en familia uno de esos acontecimientos únicos que nunca olvidaremos. Tuvimos la suerte de contemplar el eclipse total de Sol desde Carrasumada, en Torres de Segre, Lleida, en una jornada que acabó convirtiéndose en mucho más que una simple observación astronómica.

Varios socios de la Societat Astronòmica de Lleida (SALL) nos reunimos allí junto con nuestras familias y con numerosos espectadores que se acercaron para disfrutar del eclipse. Desde las 17:30 ya teníamos todo el equipo preparado y montado. Telescopios, cámaras, filtros solares y todo lo necesario para poder seguir el fenómeno y, al mismo tiempo, compartirlo con todas las personas que habían decidido acompañarnos.


Además de preparar nuestros equipos de observación y fotografía, instalamos un altavoz y un micrófono para poder ir informando al público de la evolución del eclipse. Desde el comienzo fuimos explicando las diferentes fases del fenómeno, cómo iba avanzando la Luna sobre el disco solar y qué era lo que podíamos esperar durante las horas siguientes.

También dedicamos especial atención a la seguridad. Informamos a todos los asistentes sobre la manera correcta de observar el Sol utilizando las gafas homologadas para eclipses y recordamos la importancia de no mirar directamente al Sol durante las fases parciales sin la protección adecuada. A medida que se acercaba la totalidad, la expectación entre todos los presentes iba creciendo.

Un eclipse total de Sol es, sin duda, uno de los fenómenos naturales más impresionantes que el ser humano puede contemplar con sus propios ojos. Tener la oportunidad de presenciar cómo la Luna oculta completamente al Sol y transforma por unos instantes el paisaje y el cielo es una experiencia difícil de describir con palabras. Y poder vivirlo rodeado de familia, amigos, compañeros de la SALL y tantas personas con la misma ilusión por la astronomía lo hizo todavía más especial.


El fenómeno comenzó alrededor de las 19:30, cuando la Luna empezó a cubrir progresivamente el disco solar. Poco a poco, el Sol fue adquiriendo esa característica forma de creciente, mientras la luz ambiental iba cambiando de manera muy evidente.

A través del micrófono continuábamos explicando al público cada una de las fases y animando a los asistentes a observar los cambios que se estaban produciendo a su alrededor. La temperatura, la luz y el aspecto del paisaje comenzaban a transformarse mientras la Luna avanzaba lentamente sobre el Sol.



La totalidad llegó aproximadamente a las 20:29 y duró unos 48 segundos. Fueron apenas unos instantes, pero la intensidad de lo que vivimos hizo que parecieran mucho más largos.

En los momentos previos a la totalidad continuamos dando indicaciones al público sobre las gafas de eclipse. Y cuando finalmente llegó el momento esperado, anunciamos que podíamos retirarlas y contemplar el espectáculo visual que teníamos delante.


En ese instante nos quitamos las gafas de eclipse y pudimos contemplar el Sol completamente negro, rodeado por su espectacular corona blanca y dorada. Ver aquella imagen directamente en el cielo fue sencillamente indescriptible. Era algo completamente diferente a cualquier fotografía o vídeo que hubiéramos podido ver anteriormente.

Y entonces ocurrió algo que ninguna fotografía puede capturar.

Todas las personas que nos encontrábamos allí empezamos a gritar de alegría. Fueron gritos espontáneos, de emoción, de sorpresa, de incredulidad ante lo que estábamos viendo. Algunos se abrazaban, otros levantaban la mirada completamente en silencio y hubo incluso quien no pudo contener las lágrimas ante aquella visión.

Durante aquellos instantes se mezclaron los abrazos, las risas, los gritos de alegría y también las miradas silenciosas hacia el cielo. No hacía falta decir nada. Todos estábamos viviendo exactamente lo mismo y compartíamos un sentimiento de felicidad y emoción difícil de explicar.

Durante unos segundos, todos quedamos prácticamente hipnotizados mirando al cielo. Éramos muchas personas diferentes, reunidas allí por motivos distintos, pero en aquel momento todos compartíamos la misma emoción y la misma sensación de estar contemplando algo extraordinario.

Fueron apenas unos 48 segundos, pero parecieron detener el tiempo. Durante ese breve instante desaparecieron las conversaciones, los equipos, las cámaras y todo lo que nos rodeaba. Solo existíamos nosotros, el cielo y aquel Sol negro rodeado por su impresionante corona.

Fue uno de esos momentos que no necesitan palabras para ser recordados. Un instante compartido que quedó grabado no solo en nuestras fotografías, sino también en la memoria y, estoy seguro, en el corazón de todos los que tuvimos la suerte de estar allí.

Para capturar el eclipse utilicé durante la fase parcial un telescopio 72 ED equipado con un filtro solar de lámina Baader y una cámara planetaria ZWO ASI 290MC. Este equipo me permitió seguir y fotografiar con detalle la evolución del eclipse a medida que la Luna iba avanzando sobre el disco solar.





Cuando se acercó el momento de la totalidad llegó el momento de cambiar la configuración. Retiré la cámara planetaria y coloqué una cámara réflex acoplada al telescopio, con la intención de capturar los instantes más espectaculares que estaban a punto de suceder.

Con la réflex y el telescopio 72 ED pude captar una secuencia que resume algunos de los momentos más impresionantes del eclipse.

Primero apareció el espectacular anillo de diamante, un último y brillante destello de luz solar que precede a la totalidad. Después llegaron las perlas de Baily, donde se pueden apreciar tres pequeñas perlas de luz producidas por los últimos rayos solares que atraviesan los valles de la superficie lunar.


Y finalmente llegó la totalidad.


El disco solar quedó completamente oculto y una prominencia rojiza era visible en el lado izquierdo del Sol. La imagen era realmente espectacular: la Luna completamente negra destacaba sobre una brillante corona solar que se extendía a su alrededor.

Durante esos aproximadamente 48 segundos, el entorno cambió completamente. La luz del día desapareció de forma repentina y el cielo adquirió una oscuridad extraordinaria. La sensación era muy diferente a la de un atardecer normal: todo sucedía rápidamente, casi como si alguien hubiera apagado la luz de repente.

La oscuridad permitió además observar objetos celestes que normalmente no podemos distinguir durante el día. Durante la totalidad pudimos observar el planeta Venus, la estrella Arturo e incluso algunas de las estrellas que forman el conocido Triángulo de Verano: Vega, Deneb y Altair.

Fue uno de esos momentos en los que la astronomía deja de ser simplemente algo que observamos a través de un telescopio y pasa a convertirse en una experiencia que vivimos directamente. El cielo, la luz, el paisaje y nuestra propia percepción parecían haber cambiado durante unos segundos.

Durante la totalidad también grabé vídeo, intentando conservar no solo las imágenes del fenómeno, sino también una pequeña parte de lo que estábamos viviendo. Sin embargo, lo más importante no fue conseguir las fotografías o el vídeo perfecto, sino poder disfrutar de aquel momento junto a mi familia y compartirlo con todas las personas que estaban allí.

Después de la totalidad, otro destello de luz anunció el regreso del Sol y nos llevó hasta el segundo anillo de diamante. Las perlas de Baily volvieron a aparecer y, poco a poco, la luz comenzó a recuperar su intensidad.


En ese momento volví a colocar el filtro solar en el telescopio para poder continuar observando y fotografiando el eclipse de forma segura durante la siguiente fase parcial. Después retiré la cámara réflex y volví a colocar la cámara planetaria ZWO ASI 290MC para continuar capturando las últimas fases del eclipse.



Finalmente, el eclipse terminó coincidiendo con la puesta de Sol, cuando el fenómeno ya se encontraba de nuevo en su fase parcial. La Luna fue abandonando progresivamente el disco solar hasta que el eclipse llegó a su fin.



Pero nuestra jornada astronómica todavía no había terminado.

Después del eclipse decidimos quedarnos en Carrasumada para aprovechar la noche y observar otro de los espectáculos que nos ofrece el cielo de agosto: las Lágrimas de San Lorenzo, la conocida lluvia de meteoros de las Perseidas.

Con el eclipse ya terminado y el cielo completamente oscuro, pudimos disfrutar de otra faceta de la astronomía. Junto con varios miembros de la SALL realicé un reconocimiento de las constelaciones de verano para todo el público que todavía permanecía allí. Después de haber contemplado el Sol completamente eclipsado, dirigimos ahora nuestra mirada hacia las estrellas.

Fuimos identificando algunas de las principales constelaciones y estrellas visibles en el cielo de verano, explicando a los asistentes cómo orientarse y reconocerlas. El Triángulo de Verano, que algunos habíamos podido distinguir durante la totalidad, volvía ahora a mostrarse con toda su intensidad en un cielo ya completamente oscuro.


Fue una manera perfecta de terminar una jornada dedicada por completo a la astronomía: comenzamos observando el Sol y terminamos mirando las estrellas y esperando la aparición de las Perseidas.

Este es el resultado de una experiencia única, emocionante e irrepetible. Una experiencia que pudimos vivir en familia, compartir con nuestros compañeros de la Societat Astronòmica de Lleida y, sobre todo, acercar a todas las personas que se reunieron aquella tarde en Carrasumada ( unas 900 personas ).

Porque, por encima de las imágenes, los equipos utilizados o la técnica fotográfica, queda el recuerdo de aquellos segundos en los que pudimos levantar la mirada y contemplar uno de los espectáculos naturales más impresionantes que podemos experimentar.

Pero también queda la satisfacción de haber podido compartirlo, explicarlo y disfrutarlo juntos.

El eclipse duró apenas unos minutos y la totalidad tan solo unos 48 segundos, pero la experiencia permanecerá para siempre.

Un recuerdo que, sin duda, nunca podremos olvidar.

 

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miércoles, 17 de junio de 2026

MESSIER 5

 


Nombre: Messier 5

Lights: 50 fotografías ( RAW ) de 45 segundos cada una a ISO 1600 + 6 DE 300".

Darks:  30    Bias:  50        Flats: 20           Temperatura:    +16 º.

Montura:  NEQ6 PRO II

Telescopio:  SW 200/1000 + Lunático EZG-60 ( tubo de guiado ).

Cámara:  Canon 600D  +  Corrector de coma.

Cámara guiado:  QHY5 L-II-C.

Programa de guiado: PHD 2 Guiding.

Error RMS:  1,5. 

Programa de apilado y procesado:  PixInsight.

Luna:  Semana de luna nueva

Seeing:  Bueno.



La madrugada del 11 de junio realicé una nueva sesión de astrofotografía dedicada a uno de los objetos de cielo profundo que, a pesar de su belleza, suele pasar bastante desapercibido entre los aficionados a esta disciplina. Me refiero a los cúmulos globulares y, en esta ocasión, al magnífico Messier 5 (M5).

Como es habitual, llevé a cabo la sesión desde la azotea de mi casa, en la ciudad de Lleida. La puesta en estación del equipo se realizó siguiendo el procedimiento habitual descrito anteriormente en el blog, concretamente los pasos 2, 3 y 4.

Las condiciones meteorológicas fueron muy favorables para la observación y captura. El cielo permaneció completamente despejado durante toda la sesión y el seeing se mantuvo estable, lo que permitió obtener imágenes de buena calidad. La temperatura ambiente era de aproximadamente 16 °C.

La sesión de captura comenzó a las 00:00 horas y finalizó alrededor de las 01:50. Inicialmente realicé una serie de tomas de 45 segundos de exposición con una cámara Canon 600D configurada a ISO 1600. El objetivo de estas exposiciones más cortas era evitar la saturación del núcleo del cúmulo globular, preservando así el detalle de las estrellas más brillantes concentradas en su región central. Posteriormente completé la sesión con seis fotografías de 300 segundos de exposición, manteniendo la misma sensibilidad ISO, con el fin de registrar la mayor cantidad posible de señal en las zonas más débiles del objeto.

Una vez finalizadas las capturas del objeto principal, procedí a realizar las correspondientes tomas de calibración: flats, bias y darks. Para la obtención de los flats utilicé la caja de iluminación casera que ya describí anteriormente en el blog, donde también explico detalladamente su proceso de fabricación.

Tras completar todas las tomas necesarias para el procesado posterior, recogí y guardé cuidadosamente el equipo, dando por concluida la sesión y quedando a la espera de la próxima noche despejada para continuar explorando el cielo profundo.

 

Messier 5: un fósil estelar de la Vía Láctea

Messier 5 (M5) es uno de los cúmulos globulares más brillantes y espectaculares del cielo. Se encuentra en la constelación de la Serpiente, a una distancia aproximada de 24.500 años luz de la Tierra. Contiene más de 100.000 estrellas concentradas en una estructura casi esférica mantenida por la gravedad.

Los cúmulos globulares son agrupaciones muy antiguas de estrellas que se formaron hace entre 12.000 y 13.000 millones de años, cuando nuestra galaxia estaba dando sus primeros pasos. Por ello, sus estrellas son pobres en elementos pesados y están compuestas principalmente por hidrógeno y helio, los elementos más abundantes en el universo primitivo.

A diferencia de las estrellas jóvenes que se encuentran en el disco de la Vía Láctea, los cúmulos globulares se localizan principalmente en el halo galáctico, una vasta región casi esférica que rodea toda la galaxia. Esto ocurre porque se formaron antes de que el disco galáctico adquiriera su estructura actual. Algunos incluso podrían ser restos de pequeñas galaxias que fueron absorbidas por la Vía Láctea durante su crecimiento.

Aunque a menudo se representan como objetos estáticos, los cúmulos globulares están en constante movimiento. Messier 5 orbita alrededor del centro galáctico siguiendo una trayectoria que puede llevarlo muy por encima y por debajo del plano de la galaxia. Estas órbitas suelen ser alargadas y tardan cientos de millones de años en completarse.

En M5 predominan las estrellas gigantes rojas y amarillas, visibles por sus tonalidades anaranjadas y rojizas. También hay estrellas blancas y azuladas, más calientes y menos abundantes. El color de cada estrella depende principalmente de su temperatura superficial: las azules son las más calientes y las rojas las más frías.

El estudio de Messier 5 es de gran importancia científica porque permite conocer cómo eran las primeras generaciones de estrellas y cómo se formó la Vía Láctea. Además, los cúmulos globulares sirven para estimar edades cósmicas, comprender la evolución estelar y estudiar los efectos de la gravedad en sistemas con cientos de miles de estrellas. Por ello, M5 es considerado un auténtico fósil del universo temprano y una valiosa herramienta para investigar la historia de nuestra galaxia.


Fascinante, Verdad?

 

 

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jueves, 4 de junio de 2026

CRÁTER COPÉRNICO

 


Objeto: Cráter Copérnico.

Equipo: Newton SW 200/1000 F5 + NEQ6 PRO.

Cámara:  ASI 290mc + Barlow 3x + filtro proplanet 742.

Video: Formato AVI de 30 segundos de duración con 1100 frames

Software de captura del video:  Firecapture.

Software de apilado del video:  AutoStakkert.

Software de procesado del video:  Registax 6 y PixInsight.







La pasada noche del 26 de mayo, cuando la Luna se encontraba en su décimo día de fase creciente, realicé una sesión de astrofotografía planetaria dedicada a uno de los cráteres más espectaculares y reconocibles de toda la superficie lunar. Se trata del cráter Copérnico, una formación que destaca por su brillante sistema de rayos y que puede observarse incluso a simple vista desde la Tierra bajo condiciones favorables.

La sesión de captura la llevé a cabo desde la azotea de mi casa utilizando un telescopio Newton de 200 mm de apertura y 1000 mm de distancia focal, combinado con una cámara ZWO ASI 290MC y una lente Barlow 3x para aumentar la resolución y revelar los numerosos detalles presentes en el interior y los alrededores de este impresionante accidente geológico. La favorable iluminación solar sobre la región permitió resaltar los relieves, terrazas y estructuras internas que convierten a Copérnico en uno de los objetivos más atractivos para la observación lunar de alta resolución.

El cráter Copérnico está situado en la región central de la cara visible de la Luna, dentro del Oceanus Procellarum, y constituye uno de los mejores ejemplos de cráter de impacto complejo. Posee un diámetro aproximado de 93 kilómetros y una profundidad cercana a los 3,8 kilómetros, dimensiones que evidencian la enorme energía liberada durante el impacto que lo originó.

En el centro de su suelo se alza un conjunto de 3 montañas conocidas como picos centrales, que alcanzan alturas de hasta 1.200 metros sobre el fondo del cráter. Estas elevaciones se formaron inmediatamente después del impacto, cuando el terreno comprimido por la colisión rebotó hacia arriba debido a la enorme presión generada.

Los estudios geológicos indican que Copérnico se formó hace aproximadamente 800 millones de años, una edad relativamente reciente en la historia lunar. El impacto fue provocado por un gran asteroide que excavó una inmensa cavidad en la corteza y expulsó enormes cantidades de material hacia el exterior.

Uno de los rasgos más característicos del cráter es su espectacular sistema de rayos brillantes, formado por material eyectado durante la colisión. Estas líneas claras se extienden a lo largo de cientos de kilómetros sobre la superficie lunar y son especialmente visibles durante la Luna llena. Su aspecto brillante indica que los materiales expulsados son geológicamente jóvenes y han sufrido una menor alteración por el viento solar y los micrometeoritos.

Las paredes internas de Copérnico presentan una compleja estructura escalonada compuesta por terrazas producidas por deslizamientos de terreno posteriores al impacto. Estas terrazas constituyen una evidencia clara de los procesos de colapso gravitacional que afectaron a los bordes del cráter durante su formación.

El suelo interior muestra además fracturas, colinas y depósitos de material fundido por el calor extremo generado en el momento de la colisión. Todo ello convierte a Copérnico en un auténtico laboratorio geológico que permite a los científicos estudiar los mecanismos de impacto que han modelado la superficie de la Luna durante miles de millones de años.

Por su tamaño, espectacular morfología y excelente visibilidad desde la Tierra, el cráter Copérnico continúa siendo uno de los grandes protagonistas de la observación lunar y uno de los objetivos preferidos tanto para astrónomos aficionados como para astrofotógrafos que buscan capturar algunos de los paisajes más impresionantes de nuestro satélite natural.



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martes, 24 de febrero de 2026

NGC 7293 Nebulosa de la Hélice “ El ojo de Dios ”.

 


Nombre:  NGC 7293  “ Nebulosa de la Hélice ”.

Light: 40 fotografías (RAW)  de 300 segundos cada una a ISO 1600.

Darks:  60       Bias:  60       Flats:  30   

Temperatura:  21ºC

Telescopio:  Sky Watcher Newton 200/1000 F5.

Cámara: Canon 600D modificada + filtro L-eNhance.

Montura:  Neq. 6 Pro.

Guiado:  PHD2.

Capturas de las fotografías:  NINA.

Lugar de las capturas:  Lleida ciudad.

Fecha: 20 de agosto.

Apilado y procesado con PixInsight.

 

Hace unos días realicé una fotografía de la impresionante Nebulosa de la Hélice, conocida coloquialmente como el “Ojo de Dios”, desde la azotea de mi casa en Lleida. A pesar de estar en plena ciudad y bajo un cielo afectado por la contaminación lumínica, el resultado ha sido muy satisfactorio.

Para la captura utilicé un telescopio Newton 200/1000 F5,  un instrumento con una excelente relación entre apertura y resolución, ideal para objetos de cielo profundo. Acoplé una cámara réflex modificada para astrofotografía, lo que permite una mayor sensibilidad a la línea de emisión del hidrógeno alfa. Además, empleé un filtro anticontaminación lumínica L-Enhance, que realza las emisiones de hidrógeno y oxígeno mientras bloquea gran parte de la luz artificial urbana.

Como siempre, puse la montura en estación siguiendo los pasos 2, 3 y 4 ya publicados en el blog y, cuando terminé la sesión de captura, realicé las tomas de calibración: darks, bias y flats. Una vez terminada la sesión de astrofotografía, sobre las 04:50 de la madrugada, recogí el equipo y lo guardé a la espera de la próxima sesión de astrofotografía. 

La imagen final es el resultado de apilar 40 fotografías de 300 segundos cada una, lo que suma un total de 200 minutos de integración. Aunque pueda parecer un tiempo relativamente modesto para astrofotografía de espacio profundo, la nebulosa se aprecia perfectamente incluso con esta integración. Su estructura anular y los filamentos gaseosos exteriores se distinguen con notable claridad.

La Nebulosa de la Hélice se encuentra en la constelación de Acuario y está situada aproximadamente a 650 años luz de la Tierra. Es una nebulosa planetaria, es decir, el remanente gaseoso expulsado por una estrella similar al Sol en las etapas finales de su vida. Se formó hace unos 10.000 años, cuando la estrella central agotó su combustible nuclear y expulsó sus capas externas al espacio.

En su centro permanece una enana blanca, el núcleo estelar residual extremadamente caliente que emite intensa radiación ultravioleta. Esta radiación ioniza el gas circundante, haciendo que brille con colores característicos. El tono rojizo proviene principalmente del hidrógeno ionizado, mientras que los colores azulados y verdosos se deben al oxígeno doblemente ionizado.

Su apariencia recuerda a un gigantesco ojo cósmico, de ahí su apodo popular. Sin embargo, más allá de su estética impactante, representa una fase evolutiva que nuestro propio Sol experimentará dentro de unos 5.000 millones de años. Cuando el Sol agote su hidrógeno, se expandirá como gigante roja y, finalmente, expulsará sus capas externas formando una nebulosa planetaria similar.

Fotografiar la Nebulosa de la Hélice desde un entorno urbano demuestra cómo la tecnología actual y la pasión por la astronomía permiten capturar objetos situados a cientos de años luz. Cada fotón recogido durante esas largas exposiciones inició su viaje mucho antes de que existiera la civilización moderna. Contemplar y retratar este vestigio estelar desde mi propia azotea en Lleida ha sido, sin duda, una experiencia profundamente emocionante y reveladora.

Adjunto uno de los lights de 300 segundos y el masterlight tras el apilado preparado para empezar el procesado, así podeis comparar el resultado final después de todo el trabajo de procesado de la imagen.

Light.

Uno de los 40 lights de 300s a ISO 1600 con la Canon 600d y el filtro anticontaminación lumínica.

Master light.

Master light preparada para iniciar el procesado de la imagen.


 

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domingo, 8 de febrero de 2026

NGC 6979 “Triángulo de Pickering”.

 




Nombre:  NGC 6979  “ Triángulo de Pickering ”.

Light: 40 fotografías (RAW)  de 300 segundos cada una a ISO 1600.

Darks:  60       Bias:  60       Flats:  30    Temperatura:  28ºC

Telescopio:  Sky Watcher Evostar 72 ed.

Cámara: Canon 600D modificada + filtro L-eNhance.

Montura:  Neq. 6 Pro.

Guiado:  PHD2.

Capturas de las fotografías:  NINA.

Lugar de las capturas:  Lleida ciudad.

Apilado y procesado:  PixInsight.

 

Ubicada en el ala izquierda de la constelación del Cisne, se encuentra una extensa y espectacular nebulosa conocida como el Bucle de Cygnus. Este objeto es el remanente de una supernova que explotó hace aproximadamente 10.000–20.000 años, dejando tras de sí una enorme burbuja de gas ionizado en expansión. En el cielo ocupa un área muy extensa, de unos 3 grados de diámetro, lo que equivale a seis veces el tamaño aparente de la Luna llena.

El Bucle de Cygnus se localiza a una distancia aproximada de 2.400 años luz de la Tierra, dentro del brazo de Orión de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Físicamente, el remanente tiene un diámetro real cercano a 120 años luz, y continúa expandiéndose a velocidades del orden de 200–400 km/s, lo que permite a los astrónomos estudiar directamente los procesos de choque entre el material expulsado por la supernova y el medio interestelar circundante.

Esta nebulosa se divide tradicionalmente en tres regiones principales: la Nebulosa del Velo Oriental, el Triángulo de Pickering y la Nebulosa del Velo Occidental. En la astrofotografía presentada se pueden apreciar dos de estas estructuras. En la parte superior destaca el Velo Occidental, catalogado como NGC 6960 y conocido popularmente como la Escoba de la Bruja, una delicada red de filamentos producidos por la onda de choque de la explosión. En la zona central e inferior se observa NGC 6979 “El Triángulo de Pickering”, una compleja región filamentosa descubierta fotográficamente a comienzos del siglo XX por Williamina Fleming, que durante años fue erróneamente atribuida a Edward Pickering.

Desde el punto de vista técnico, se trata de una nebulosa de emisión muy débil, cuyo brillo procede principalmente del oxígeno doblemente ionizado (OIII) y del hidrógeno ionizado (H-alfa). Por ello, su observación visual y fotográfica se beneficia enormemente del uso de filtros de banda estrecha, especialmente filtros OIII, que aumentan el contraste incluso desde entornos con contaminación lumínica moderada, como puede ser un entorno urbano. Visualmente puede observarse desde cielos oscuros con telescopios de 150–200 mm de apertura, mientras que la astrofotografía permite revelar detalles extremadamente finos mediante largas exposiciones y técnicas de apilado.

La importancia científica de este tipo de astrofotografías es notable. Los remanentes de supernova como el Bucle de Cygnus son auténticos laboratorios astrofísicos naturales, donde se estudia la nucleosíntesis de elementos pesados, la dinámica de ondas de choque, la interacción del plasma con los campos magnéticos galácticos y el enriquecimiento químico del medio interestelar. Además, la astrofotografía de alta resolución —incluso realizada por astrónomos aficionados— proporciona datos valiosos para el seguimiento de la evolución temporal de los filamentos, complementando observaciones profesionales en otras longitudes de onda como radio, ultravioleta o rayos X.

En conjunto, esta imagen demuestra cómo la astrofotografía urbana, apoyada en técnicas modernas y equipamiento adecuado, no solo tiene un gran valor estético, sino que también contribuye a la divulgación y al conocimiento científico de algunos de los procesos más energéticos y fundamentales del universo

 

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